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Whisky: 9 mitos sobre el emblemático destilado que aún persisten en 2020

Un clásico nunca pasa de moda, y nada como un vaso de whisky para confirmarlo. Si bien es uno de los espirituosos más difundidos en el mundo entero, aún hay mitos por aclarar sobre su consumo. Aquí los contamos.

En medio de las celebraciones por el Día del Whisky, aprovechamos la ocasión para conversar con Luis Castro, brand ambassador de Jack Daniel’s, y resolver 10 interrogantes que muchos seguimos teniendo sobre el whisky: principalmente, las alternativas en coctelería que muchos aún no conocen.

1. ¿Todos los whiskys son escoceses? Se sabe que sus verdaderos orígenes se remontan a Irlanda y luego llega a Escocia. En la actualidad, sin embargo, tenemos una gran variedad de países que producen whiskeys: Estados Unidos, Japón e incluso el Perú.

2. ¿Es bueno mezclarlo con agua? Unas pocas gotas de agua ayudan a que el whisky revele más su espíritu; es decir, permite que el whisky se abra y suelte sus características. No se daña en absoluto a menos que se mezcle con una cantidad exagerada.

3. ¿La ‘edad’ de un whisky que está marcada en su botella es el tiempo que se le dio en barrica? Sí. Dentro de la botella, la ‘edad’ de un whisky hace referencia al número de años que pasa en barrica. También puede ser una mezcla de edades de diferentes barriles de la misma destilería. La única forma que sea de una única barrica -algo que lo hace muy especial- es que diga Single barrel, Unique cask.

4. ¿Mientras más ‘edad’ tenga el whisky, será mejor el producto? Lo hace más costoso, pero no mejor. Mientras aumenta el tiempo, mayor cuidado debe tener ese barril. Pero todos los whiskys y destilerías tienen técnicas y formas de llevar experiencias únicas al paladar del consumidor.

5. ¿El whisky no se toma en cócteles? Falso. Las mejores marcas de whisky tienen sus propios cocteles de la vieja escuela y un coctel bien equilibrado sacia cualquier paladar exquisito. Entre ellos, los más icónicos son, el Boulevardier, el Lynchburg Lemonade o un Old Fashioned.

6.¿Se puede maridar comida con whisky? Se pueden realizar maridajes con whisky, al igual que con el vino o cualquier tipo de bebida alcohólica. Siempre enfocado en que la armonía entre la comida y el destilado bailen como uno solo en nariz y boca de quien lo está degustando. Carnes como unas costillas BBQ o un postre intenso como un brownie de chocolate van muy bien, sobre todo con sabores ahumados.

7. ¿Es verdad que en Estados Unidos existen 2 familias de whiskeys? Es totalmente cierto. Para empezar, los whiskeys producidos en Estados Unidos llevan una ‘e’ en el nombre; ‘whisky’ es solo para los escoceses. En Estados Unidos existen dos familias que se dividen en los bourbon que se hacen directo del alambique al barril, y los Tennessee, que pasan por un suavizado en carbón de arce luego del alambique, lo que los hace más delicados en sabores y aromas.

8. ¿El whisky es un destilado ‘masculino’?

Al pasar el tiempo el whisky ha tenido una evolución muy grande en los paladares del mundo entero. Podemos encontrar diferentes elementos como notas a vainilla, ahumados, amaderados, salinos o achocolatados. Esto lo convierte en un destilado para todas las personas, independientemente del género. Todo depende de los gustos.

9. ¿Existe alguna razón por la cual los escoceses llamen ‘whisky’ a su destilado, y los americanos ‘whiskey’? Ninguna en específico, pero el mito sostiene que el nombre original proviene del gaélico y su significado vendría a ser el “agua de vida”. Era un líquido que buscaba inmortalizar a los hombres y mujeres que lo bebieran. Con la migración de irlandeses que se dio a Estados Unidos, el ‘whiskey’ se mantuvo como el nombre elegido para las etiquetas de este país.

Cómo abrir una botella de vino y cómo servirlo correctamente

La manera de abrir una botella de vino y la forma de servir este en la copa es tan importante o incluso más para la degustación como el vino en sí mismo.

Que la experiencia de tomar un buen vino sea satisfactoria depende, más de lo que imaginas, de cómo abras la botella y cómo lo sirvas. Por supuesto también de la temperatura, de la copa y de otra serie de cosas. Pero no sólo por lo estético del asunto (que se te rompa el corcho puede arruinar un vino y también una primera cita) sino porque según factores como el tipo o la edad del vino tendremos que abrir la botella con más o menos cuidado y a partir de una técnica u otra.

Elegir el sacacorchos adecuado es igualmente fundamental. En otro artículo te explicábamos cuántas clases de abridores hay y cómo optar por uno o por otro en función de tu maña para usarlos. Y es que el descorche perfecto va a depender siempre de tu habilidad para abrir la botella. Te ayudamos con esto.

1. Para abrir una botella de vino como lo hace un sumiller, mantenla siempre apoyada en la mesa. Una vez fijada solo tienes que mover o girar el sacacorchos (según el modelo). La botella permanece quieta en la mesa y con la etiqueta visible para el comensal. Esta es la clave del llamado «perfect serve».

2. Corta y retira la cápsula por debajo del gollete (esa hendidura en la boca de la botella) para que el vino no entre en contacto con la misma, ya que esta puede estar sucia u oxidada.

3. Limpia la boca de la botella con un paño y clava bien la espiral en el centro del corcho. Vigila que esta no lo atraviese por completo porque podría romperlo y caer migas al vino. Y no lo olvides: lo que gira es el sacacorchos, no la botella.

4. Una vez abierta, se limpia la boca de la botella con un paño seco. Lo que los profesionales llaman ‘lito’, y que también se usa para servir los platos a los comensales.

5. A la hora de servir el vino, si quieres hacerlo como un experto, nunca debes apoyar la botella en la copa. Y estas no se llenan hasta arriba (salvo que tengas un mal día). Lo correcto es llenar poco más de un tercio del tamaño de la copa, hasta que el líquido quede aproximadamente un dedo por debajo de la panza o curva de la misma. En el caso del vino blanco o de los espumosos lo ideal es servir menos cantidad para mantener la temperatura.

Para el champán, máxima delicadeza

El champagne es sinónimo de festividad, de brindis, de alegría y de ruido para la mayoría. Y por eso se esfuerzan por descorchar las botellas haciendo el paripé completo: si el corcho rebota en el techo y la espuma salpica al personal, mejor que mejor. Sin embargo, el servicio perfecto del cava y del champán es mucho más elegante y cuidadoso. A la hora de abrir una botella de espumoso lo que prima es el silencio.

No se trata únicamente de brindar, sino de dar importancia a los pasos previos que preceden el hecho de degustar el magnífico manjar que es una botella de espumante, y todo lo que puede significar la experiencia que lo rodea. Para los amantes de las burbujas, se trata de un ritual que requiere de atención, de mimo y de deleite, desde el momento en el que se tiene la botella en la mano hasta que ya no queda nada más que saborear.

Si quieres dominar la técnica de abrir una botella de cava o de champán como un verdadero sommelier, estos son los pasos que debes seguir:

1. Lo primero es controlar la temperatura de servicio. Lo ideal para enfatizar la calidad excepcional de un espumoso como el champán es servirlo a 7-8°C. Para mantener esta temperatura mientras la botella esté abierta, llena una cubitera de hielo y añade agua. Deja la botella sumergida un mínimo de 15 minutos antes de servir. Coloca una servilleta limpia de tela cerca o sobre la cubitera sin que se moje. Te será útil para servir después sin riesgo de goteos.

2. Para abrir una botella de espumoso a la perfección primero tienes que retirar el precinto (la mayoría de las botellas modernas cuentan con una tira bien visible para facilitar esta tarea). A estas alturas no hará falta avisarte que está completamente prohibido agitar antes la botella.

3. Después, afloja el alambre sin retirarlo completamente mientras mantienes el corcho en su sitio con el pulgar.

4. Agarra la base de la botella y desenróscala suavemente del corcho, en vez de desenroscar el corcho de la botella (sí, justamente al revés de como se haría con un sacacorchos y una botella de vino). Para ello sujeta el tapón firmemente, recubriéndolo con la mano para que no se escape, y luego gira lentamente la botella. No tires, gira. Hasta que sientas cómo el tapón va desprendiéndose suavemente y puedas dosificar el movimiento para amortiguar la presión ejercida por el gas.

Este es el momento más importante de la hazaña, pues se trata de conseguir que el corcho no es escape escandalosamente para sacarlo con el mínimo impacto. Sabrás si lo has abierto a la perfección si el «pop» ha sido discreto y si no has derramado ni una gota de elixir.

5. Ahora, sírvelo en las copas (qué copa es la adecuada es otro tema, y aquí te lo contamos) recordando la proporción que decíamos arriba. La copa de champán es más estrecha, así que puedes irte a los dos tercios, aunque más vale ir rellenando poquito a poco que dejar que se caliente. Cuando termines, vuelve a poner la botella en la cubitera.

Un truco en caso de que hayas abierto la botella demasiado rápido y la espuma haya empezado a subir antes de tiempo, es tener una copa al alcance del gollete. Así estarás preparado para servir nada más descorchar, antes de que el líquido desborde.

6. Cada vez que quieras servir, saca la botella de la cubitera, sécala suavemente con el paño limpio que colocaste al principio sobre ella y –importante- ten siempre otra botella enfriando en la cava. El champán siempre pide más champán.

Si no tienes a mano un sacacorchos…

…también puedes abrir la botella. Hay varios métodos efectivos, pero entre ellos no está el del zapato y la pared.

En primer lugar puedes hundir el tapón en la botella. Esta posibilidad es un tanto arriesgada y exigiría poder verter el vino inmediatamente en un decantador para evitar que el corcho contamine el vino. Algo que puede suceder en menos de 3 minutos si tiene TCA.

La mejor idea es improvisar un sacacorchos con un tornillo. Este es el momento en el que los manitas se conviertan en protagonistas de la velada. Se trata de encontrar algo con lo que sujetar el corcho para hacer palanca. Puede ser un tornillo, una pinza, unas tijeras o un martillo.

Y si a pesar de desaconsejártelo (porque es peligroso y porque sacude demasiado el vino y puede deteriorar su calidad) te pica la curiosidad lo del zapato y la pared, que no sea porque no te hemos explicado la técnica. Todo lo que necesitas es una pared (o un árbol en su defecto) y un zapato con un tacón cuadrado. Retira la cápsula y coloca el fondo de la botella dentro del zapato perpendicularmente a la suela.

Golpea con firmeza el tacón contra la pared sin dejar de sostener la botella. Si lo haces bien, la teoría dice que la onda de choque se propaga del zapato al gollete y empuja el corcho hacia el exterior al cabo de 7 u 8 golpes. La práctica, la dejamos que la compruebes. Eso sí, protégete las manos con un trapo por si la botella se rompe. Pues es lo que suele suceder.

Y si se te ha roto el corcho…

…que no cunda el pánico. Un buen sumiller te cambiaría rápidamente la botella, pero tú tienes dos soluciones. Vuelve a atornillarlo con el sacacorchos de manera oblicua para evitar que el agujero anterior aumente y el trozo roto se convierta en picadillo de corcho. Aprésalo contra el cuello de la botella y tira de él en sentido vertical.

O bien, como proponíamos antes, hunde el tapón en la botella tratando de evitar salpicaduras y trasvasa inmediatamente el contenido a un decantador para evitar que los restos de corcho contaminen el líquido.

Para subir nota

El oxígeno puede ser un gran amigo del vino, pero también su peor enemigo. En contacto con él, el vino evoluciona, crece, envejece. Sobre un vino, el oxígeno tiene el poder de acelerar el tiempo. Y esto también puede jugar en nuestra contra.

Si quieres disfrutar de la experiencia de degustar un buen vino (o simplemente tratas de impresionar a alguien), además de la temperatura de servicio, has de tener en cuenta cuándo descorchar la botella. Y esto tiene que ver con el tipo de vino:

Los blancos secos y afrutados y los tintos jóvenes y ligeros, los vinos de aguja y los espumosos, pueden y deben abrirse en el momento de servirlos. Basta con airearlos un poco en la copa para hacerlos despertar y conseguir así que los aromas se expandan y los taninos se vayan velando tranquilamente.

O bien, como proponíamos antes, hunde el tapón en la botella tratando de evitar salpicaduras y trasvasa inmediatamente el contenido a un decantador para evitar que los restos de corcho contaminen el líquido.

Para subir nota

El oxígeno puede ser un gran amigo del vino, pero también su peor enemigo. En contacto con él, el vino evoluciona, crece, envejece. Sobre un vino, el oxígeno tiene el poder de acelerar el tiempo. Y esto también puede jugar en nuestra contra.

Si quieres disfrutar de la experiencia de degustar un buen vino (o simplemente tratas de impresionar a alguien), además de la temperatura de servicio, has de tener en cuenta cuándo descorchar la botella. Y esto tiene que ver con el tipo de vino:

Los blancos secos y afrutados y los tintos jóvenes y ligeros, los vinos de aguja y los espumosos, pueden y deben abrirse en el momento de servirlos. Basta con airearlos un poco en la copa para hacerlos despertar y conseguir así que los aromas se expandan y los taninos se vayan velando tranquilamente.


Pastas y Vinos: Guía completa para un maridaje perfecto

Recomendamos los mejores acuerdos enogastronómicos entre pastas y vinos, ideales para disfrutar una extensa y entrañable mesa familiar el fin de semana.

¿Qué vinos acuerdan con las pastas? He aquí una de las grandes preguntas que los paladares locales se hacen una y otra vez.

En primer lugar, es preciso recalcar, con mayúsculas, un término imprescindible: VARIEDAD. Existe un sinfín de salsas y rellenos, que se pueden acompañar por ingredientes tan diferentes como crema, tuco, panceta, vegetales, hongos y mucho más.

Hoy, la oferta se multiplicó: hace años hablábamos de ravioles rellenos de ricota, verdura o pollo. Ahora, en cambio, el contenido de un raviol es infinito: de calabaza a cordero, de pollo a cerdo, pulpo, salmón y hasta pato. Mientras un asado siempre tendrá a la carne roja como base y a una pizza nunca le faltará queso, en el caso de las pastas es casi imposible generalizar un maridaje específico.

Piensa en Colores

No tenemos que pensar en el producto en sí (pappardele, tagliatelle, ñoqui o raviol). Lo que interesa son los colores. Siempre nos fijamos, primero, en el color de la salsa y, en caso que corresponda, también al del relleno. Así, a salsas claras, les corresponderán vinos blancos. A salsas oscuras, le sentarán mejor los vinos tintos. En relación a los rellenos, seguiremos la misma línea.

Pensemos, por ejemplo, en pastas con vegetales, cremas, quesos, pesto, capresse o simplemente ali oli. Podrían ser unos exquisitos ravioles verdes de calabaza a la manteca o ñoquis de queso de cabra. En estos casos, lo ideal es acompañar con un vino blanco, ligero, fresco y aromático.

Una muy buena opción sería Sauvignon Blanc, que acompañaría de maravillas a partir de su frescura, acidez envolvente y aromas de hierbas y minerales. Otra alternativa, un Riesling ligero.Si la pasta tiene un fuerte componente de carne (fideos a la bolognesa) o de pescado (fettuccine nero seppia ai gamberi), la sugerencia en este caso son blancos, pero con cuerpo y crianza en madera para equilibrar con la intensidad del plato.

Un excelso Chardonnay de gran cuerpo, acidez refrescante y marcadas notas a frutas con carozo se convertiría en el maridaje ideal.
Plan B: un Viognier floral, complejo, sutilmente picoroso.

Atención: Si nos gustan las pastas con cremas y hongos, también nos inclinaremos por un Chardonnay con interesante descanso en roble o un Tempranillo simple, frutado.

Si vamos a preparar unos pappardele neri con atún, tomate fresco y pesto o tagliatelle alla panna funghi, el consejo es ensamblar el plato con un Pinot Noir. Esta variedad es de las más delicadas tintas con aromas terrosos (las cuales se complementan con los hongos) y a frutos rojos.

Como se adapta a climas más frescos, presenta una acidez bien marcada, perfecta para maridar cuando un plato no es ni tan ligero para un blanco, ni tan graso o intenso para un tinto. Lo mejor siempre es beberlo fresco, entre 14 y 16 grados, para resaltar su acidez.

¡Atención a la intensidad!

A medida que incrementamos la intensidad de color, sabor y texturas, necesitamos vinos con cuerpo, envolventes, de taninos firmes y redondos que estén a la altura del plato.

Así, ya empezaremos a pensar en un Malbec corpulento, con gran expresión de fruta, taninos redondos, «carnoso» y fresco a la vez, de estilo moderno, con una crianza en roble francés de doce meses.

Una pasta (a elección suya, lector), salteada en manteca y especias, sería un tándem perfecto, una dupla imbatible para satisfacer el paladar.

Una gran elección, también, sería un intenso Cabernet Franc con buen cuerpo, notas pimentosas, criado doce meses en roble francés. O, por qué no, un blend de Cabernet Sauvignon y Merlot, con buena fruta, cuerpo, equilibrio y frescura. Ideal para acompañar fideos caseros con estofado de ciervo u otra carne de caza.

Si nos inclinamos por el Bonarda, de carácter frutado, especiado y floral, complejo, que nos deja la boca fresca y fluida, con firme acidez que equilibra fruta, taninos y alcohol, el mejor complemento serían unos suculentos ñoquis a la bolognesa. Ojo, un Petit Verdot, con sus taninos agarrados y presentes, irían de maravillas con este tipo de salsa cárnica.

¿Y qué pasa con el Syrah, siempre exótico y seductor, destacado por su fruta confitada, aromas especiados y frutados, con delicadas notas ahumadas? Va con todo tipo de pastas secas y frescas, con salsas suaves y poco condimentadas. Aquí, haríamos un maridaje por contraposición.

En definitiva, las opciones son in eternum y se multiplican por doquier. Es cuestión de hacer la propia elección y dejarse llevar por el fascinante arte del maridaje. ¡Salud!

Tips para almacenar correctamente el vino en casa

Mantener nuestros vinos en casa precisa de cuidados específicos, para que cuando deseemos beberlos estén en su punto ideal de servido. Muchas veces, por no tener esta información a la mano, los metemos en cualquier sitio, sin tomar en cuenta las necesidades específicas que pueden tener.

Hoy te damos algunas recomendaciones prácticas, para que las tengas en consideración la próxima vez que quieras guardar correctamente tus vinos. Es muy fácil, sólo tendrás que recordar las más básicas:

Cuida la temperatura

Lo ideal es que tus vinos se encuentren siempre en una temperatura constante que oscile entre los 12 y los 16 grados centígrados. Eso sí, debes evitar a toda costa los cambios de temperatura bruscos.

Obviamente, cada vino tiene un tratamiento especial, pero en general puedes asegurarte de que estarán en buen estado si los guardas en ese rango de temperaturas, en un lugar fresco y lejos de la luz.

Para botellas abiertas

Siempre tápalas. Si puedes, consigue un sistema de cierre al vacío. De esta forma evitarás que el vino, en contacto con el aire, se oxide de inmediato. Es importante que sepas que, si no conservas el vacío dentro de la botella, el vino va a estropearse en cuestión de horas.

Ahora bien, si lo guardas adecuadamente, podrá aguantar varios días. No más de una semana.

Mantén siempre el corcho húmedo

Esto, por una razón muy básica: cuando el corcho pierde humedad suele agrietarse y volverse poroso. Toma en cuenta que lo último que queremos es que fluidos como el aire traspasen el corcho y malogren nuestro vino.

Es por eso que se recomienda que los vinos se guarden en posición vertical. Así, el líquido puede hidratar el corcho constantemente. Esto es aún más deseable cuando el vino a consumirse de inmediato. 

Aleja tus vinos de productos de limpieza

Esto también es muy importante, debido a que necesitamos evitar a toda costa que este tipo de olores puedan penetrar en las botellas.

Todos los productos de limpieza son de olores penetrantes, así que aléjalos de tu cava. Lo que debes hacer es buscar un sitio de aromas neutros en tu casa y ahí guardar tus botellas.

Procura tener estantes

Esto facilitará que detectes en qué sitio está cada uno de tus vinos. Encima, de esta forma puedes etiquetarlos. Compra adheribles y ve organizando tus botellas por tipo de la bebida. Así podrás seleccionar de forma más rápida una de ellas cuando tengas una celebración importante, o un antojo que cumplir.

¿Cómo conservar una botella de vino una vez abierta?

Durante este período muchas personas abren botellas de vino que duran más de lo habitual. El aislamiento social nos ha cambiado las ocasiones de consumo y muchas veces la botella que antes era compartida ya no lo es. Entonces, ¿cómo mantener la botella de vino abierta en buen estado y por más tiempo?

Sin duda nuestra conducta social ha cambiado durante estas últimas semanas. Las salidas a restaurantes o comidas en casa con los amigos y familiares han pasado a ser reemplazadas por otras actividades o por encuentros en línea. Sin embargo, las ganas de tomarse una copa de vino siguen intactas y muchos se enfrentan al eterno dilema de abrir o no esa botella de vino para una sola persona. Seguramente la terminamos abriendo igual, por eso Sebastián Labbé, enólogo de vinos Ultra Premium de Viña Santa Rita, da algunos consejos para mantener el vino en buen estado por más días y no perder nada de la botella.

Cerrar botellas de vino al vacío

El oxígeno es el enemigo número uno a hora de almacenar vino. Al abrir una botella, el oxígeno permite desplegar las cualidades sensoriales de un vino por completo, lo que en un principio es bueno, porque este se “abre” y libera aromas, pero con el tiempo comenzará a deteriorarlo. Por esto cuando te sobre vino se recomienda extraer el aire de una botella abierta y cerrarla con un tapón de goma, conocidas también como bombas de vacío para vinos. Con estas, se ralentiza el proceso de oxidación y mantiene el vino fresco hasta por 7 días, dependiendo del vino.

Recorchar correctamente

Si no se tiene la posibilidad de cerrar al vacío la botella, se puede optar por recorchar el vino. Para esto, lo primero es volver a taparlo bien, ya sea con la tapa rosca o con el corcho. Si bien el lado limpio del corcho puede parecer más fácil de poner en la botella es mejor taparlo con el lado que ya estuvo en contacto con el vino. El lado “limpio” puede no estar tan limpio como creemos.

Mantenerlo en un lugar fresco

Muchas personas creen que solo el vino blanco se debe mantener fresco (abierto o cerrado). Pero no es así, el vino tinto también debe permanecer a baja temperatura una vez abierto para conservar sus propiedades y evitar que este se descomponga.

Otros formatos

Actualmente en el mercado se puede encontrar nuevos formatos para quienes prefieren una medida menor y no abrir una botella entera. Los formatos de 375ml o el vino o espumantes en lata son una excelente alternativa por su medida y practicidad para beberlo e incluso transportar.

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